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sábado, 3 de mayo de 2008

LA TERCERA ESPAÑA DEBE SER POSIBLE




Muchos de nosotros abogamos desde siempre por la fusión de C’s y UPyD. La campaña electoral nos obligó a ser prudentes y aparcar la reivindicación de una unión que creemos necesaria. Pasados los comicios, quienes creemos que la defensa de esa posibilidad es legítima, hemos decidido proponerla al conjunto de los afiliados de C’s. En ningún caso pendía de los resultados electorales; de hecho, habíamos anunciado hace semanas que la propondríamos inmediatamente después de las elecciones generales.

Y lo hacemos porque saber distinguir lo accesorio de lo esencial de las cosas, es vital para distinguir lo que es importante de lo que sólo es circunstancial y menor.

Por razones que casi nadie ha podido entender, Ciudadanos y Unión Progreso y Democracia han concurrido a las elecciones generales del pasado 9 de marzo por separado. Un programa muy similar en lo esencial y un fin compartido: Hacer de España un Estado de Ciudadanos libres e iguales vivan donde vivan del territorio nacional. Tales premisas parecían razones sobradas para concurrir juntos. Pero no fue posible. Lamentarse ahora o buscar culpables ya no tiene sentido. Si la incapacidad para ir juntos fue un error, persistir ahora en buscar culpables abundaría en él. Lo cual no debe impedir encontrar las causas contextuales que lo imposibilitaron para evitar repetirlas y argumentar sosegadamente por qué es mejor ir juntos que hacerlo por separado.

Para lo primero volveremos a la frase inicial: “Saber distinguir lo accesorio de lo esencial de las cosas, es vital para distinguir lo que es importante de lo que sólo es circunstancial y menor”.

La rapidez con que se precipitó el nacimiento de Ciudadanos como partido político, junto a su enorme capacidad para despertar en la ciudadanía una esperanza de regeneración democrática, sobre todo en aquellos ciudadanos que no encontraban encaje en ningún partido político clásico, atrajo a un variopinta diversidad de expectativas, ideologías e ilusiones que no facilitaron la cohesión de grupo como hubiera sido deseable. Ello ocasionó no pocas desavenencias e intentos de control del poder que en buena medida nada tenían que ver con el proyecto inicial de Ciudadanos y sí con intereses propios de la inmediatez de la lucha diaria por el poder. Este problema de falta de autoconciencia del proyecto de fondo de Ciudadanos queda bien reflejado en la falsa afirmación de que el triunfo de Ciudadanos en las autonómicas con 3 diputados salidos de la nada, fue fruto de un venturoso milagro cívico. Nada más lejos de la realidad; quienes venimos de una larga y silenciada resistencia de más de 30 años, sabemos que Ciudadanos fue la culminación de esa larga lucha. Precisamente uno de los más eficaces triunfos del nacionalismo ha sido haber podido silenciarla y ocultarla. La mayoría de la población civil nada sabe de ella e incluso los propios militantes que se acercaron a esta lucha a partir de los manifiestos de los 15 intelectuales desconocían o desconocen incluso hoy esa labor previa.

Como consecuencia de esa falta de visión en el proyecto histórico de Ciudadano, se acabaron por imponer las rencillas accidentales de la actividad diaria por el control del partido a la hora de culminar un acuerdo.
Un ejemplo ayudará a entenderlo. Sitúense en un encuentro de fútbol de una reñida final de liga donde el objetivo es ganar el partido y conseguir el trofeo; pero chances circunstanciales menores del juego enzarza a jugadores en una riña que acaban por convertirla en prioritaria frente a los objetivos últimos del partido: Jugar bien, ganar el trofeo. La consecuencia es la expulsión de uno de ellos o de ambos de un encuentro donde en lugar de reforzar a sus respectivos equipos, los dejan en inferioridad de condiciones.

Salgamos del ejemplo. ¿Que es lo accesorio y qué lo prioritario en el problema que nos ocupa? Lo prioritario es el PROYECTO: Conseguir la máxima representación electoral para tener capacidad de influencia en la vida política de la mano de un programa histórico: Regenerar la vida democrática de los partidos, devolver al Estado las competencias que los nacionalistas están utilizando contra él, garantizar los derechos lingüísticos de todos los españoles, no negociar con el terrorismo y aunar esfuerzos para vencerle, garantizar un Estado constitucionalmente laico donde tal condición no sea incompatible con el respeto a las creencias individuales; convertir el sistema educativo en el motor del conocimiento y de la libertad donde sea capaz de unir en lugar de separar; en fin, hacer de España una nación sin fronteras internas donde todos sus ciudadanos tengan los mismos derechos y los mismos deberes.

¿Y qué sería lo accesorio?: Lo accidental, todo aquello de lo que se puede prescindir sin afectar para nada a la esencia del proyecto. En una palabra, las circunstancias, como el nombre del partido, los cargos y los avatares de índole personal. No nacimos para atrincherarnos tras las siglas de nada, ni para idolatrar a personas o garantizar sine día circunstancias personales sino para llevar a cabo unas ideas concretadas en un proyecto común. Si tal proyecto tiene varios nombres y es dirigido por diversas personas y tal circunstancia lo entorpece en vez de fortalecerlo se han de buscar los lugares comunes, los nombres comunes, las personas comunes que le garanticen el vigor necesario. En ningún caso es de recibo que personas acabadas de llegar a este proyecto se atrincheren por motivos subjetivos en sus circunstancias y dilapiden el esfuerzo histórico de fondo por el cual ellos mismo llegaron a estar en este proyecto y sin embargo, ni siquiera ya son conscientes de él.

Por supuesto, el análisis de lo que es accesorio de lo que es esencial vale tanto para Ciudadanos como para Unión, Progreso y Democracia. Y han de ser, no sólo sus dirigentes sino sobre todo sus bases quienes sepan distinguir lo uno de lo otro y actuar en consecuencia.

Es de vital importancia que nos demos cuenta del momento histórico por el que pasa el Estado Constitucional español. Son esos trances históricos por los que en contadas ocasiones pasa una nación y la determinan a ser una cosa u otra. Y hoy estamos en uno de ellos. Ya que los dos grandes partidos nacionales son incapaces de darse cuenta de su empecinamiento, habremos de ser otros, quienes debamos poseer la serenidad y la fuerza necesarias para defender la unidad y la igualdad del Estado más antiguo de Europa. Y para nosotros, unidad es ante todo igualdad ante la ley.

Proponer esta fusión no significa en ningún caso renunciar a recuperar la ilusión inicial que nos llevó a vibrar en La Paloma o a conseguir 3 diputados el 1 de noviembre de 2006. Al contrario, de lo que se trata es de extender, fortalecer y cohesionar el colectivo para poder sumar mayores fuerzas capaces de preparar el proyecto de LA TERCERA ESPAÑA.

Antonio Robles,

en nombre de Izquierda Liberal.

Barcelona, a 10 de marzo de 2008.

viernes, 28 de diciembre de 2007

La Tristeza de Robles












El diputado Ciudadanos en el Parlament y líder de la corriente interna Izquierda Liberal (IL), Antonio Robles, ha afirmado que será “muy triste” si C’s y Unión Progreso y Democracia (UPD), que lidera la ex eurodiputada Rosa Díez, no consiguen representación en el Congreso por haber concurrido por separado a los comicios. En una entrevista de Europa Press, Robles consideró que “sería gravísimo que el día después de las elecciones, juntando los votos de unos y otros” (C’s y UPD) sacaran representación, pero que, por separado, no accedieran al Congreso. “Sería muy triste para todos, pero, sobre todo, para el propio proyecto”. Aseguró que “no hay espacio para todos”. “He defendido desde siempre que debíamos ir unidos”, indicó, mientras que ahora se “perjudicarán mutuamente” a nivel electoral. De todas formas, subrayó que ya “no hay posibilidad” de acuerdos para concurrir juntos. Aseguró estar “más cómodo” en su partido de lo que estaría en UPD.
“El pecado original es que se haya tenido que hacer UPD. C’s debería haber sido suficiente”, dijo, y añadió que “Fernando Savater y compañía deberían estar en C’s”. Aseguró no saber a cuál de los dos partidos perjudicará más concurrir por separado: “No sé qué pasará con C’s, ni con UPD, ni con España entera” ya que, según dijo, en España “parece que es todo una tómbola”. Advirtió de que “ahora mismo hay una inestabilidad psicológica, social e histórica en el Estado que es peligrosa”, lo que le hace avisar: “Nos estamos metiendo en un lío en que, como no haya hombres de Estado ya, puede pasar cualquier cosa”. Lamentó que, en su opinión, los políticos del PP y los del PSOE, “no tienen ninguna grandeza, no saben lo que es el bien común ni lo que es el Estado”, cosa que está “minando” España y su sentido colectivo.
“Vigilar” la ideología de C’S.
Robles admitió que en C’s “no hay una sola realidad, es evidente y lógico”, pero aseguró que “todos los que lo están dirigiendo” defienden el espacio de centroizquierda que él reivindica. “Hay otras sintonías, y me parece bien, pero el espacio de juego va a ser este”, zanjó. Afirmó que la corriente interna que lidera nació con voluntad de que C’s no abandonara el espacio de centroizquierda, por lo que IL va a “vigilar que esto no sea sólo una cuestión teórica, sino práctica”. “Afortunadamente creo que el partido va por este camino”, dijo, y añadió que IL debe “servir de brújula, o de norte, para no dar bandazos o jugar a la indefinición”. El diputado de C’s respondió que “se supone” que dentro del partido hay cohesión, como también en el seno del grupo parlamentario, pero matizó: “Los tres (diputados) somos distintos. Uno es más joven, el otro más jurista y el otro más ilustrado”. “Por muy bien que fueran las cosas, es un partido reciente”, constató, por lo que” es normal que no todo sea perfecto”, y añadió: “A veces incluso la realidad nos atropella”. Consideró que “no hay nada conflictivo” en el hecho de que él, junto a otros afiliados, constituyeran IL, porque lo contemplan los estatutos. La corriente, aseguró, se tenía que haber creado “en agosto o septiembre” del año pasado, pero “no hubo tiempo” por la proximidad de los comicios autonómicos. Anunció que la dirección del partido está elaborando un protocolo de gestión de las corrientes internas, ya que los estatutos del partido son genéricos en este sentido. “El partido no tiene que legalizar o ilegalizar una corriente; lo legalizan los estatutos, que dicen que puedes constituirte en una corriente”, apostilló.
Sin pactos con el PP.
Dejó claro que no buscan que haya en los órganos del partido gente de la corriente, ni quieren un “fichero” de adheridos para marcar el sentido de sus votos en el Consejo General, que precisamente mañana deberá decidir en qué circunscripciones se presenta. Lo que sí negó de forma “taxativa” es ningún tipo de acuerdo con el PP para concurrir a los comicios, al no parecerle “lógica” esta posibilidad. “El liberalismo político y moral que tiene C’s, el PP todavía no lo tiene”, aseveró, pese a admitir que los dos partidos tienen una concepción “muy parecida” del Estado. NACIONALISMOS Y REALIDADES. Cargó una vez más contra los nacionalismos, que ve “tan metidos en su mundo que son incapaces de entender que puede existir otra realidad”. Manifestó que mientras que C’s “integra”, los nacionalistas “asimilan”. “Independientemente de lo que somos nosotros, y de lo bien o lo mal que lo hagamos, la realidad que defendemos existe, no la puede ocultar nadie y saldrá por cualquier lado”, aseveró Robles.

viernes, 16 de noviembre de 2007

¿A que se juega en China?


Desde la plataforma de C's "Izquierda Liberal", liderada por el Diputado catalán Antonio Robles, se a sumado a la acción de Amnistía Internacional, para denunciar los abusos civiles causados por el régimen comunista de China.

Desde Opinión de Progreso queremos sumarnos también a esta denuncia e invitarte a que colabores con Amnistía Internacional, denunciando dichos abusos, de los que son víctimas directas hombres, niños y mujeres civiles, que viven sin libertad y sin derechos, trabajando de sol a sol en una sociedad jerarquizada que controla los movimientos de sus subditos.
Colabora por las libertades, los derechos humanos y civiles de miles de personas.
Muchas gracias.
Opinión de Progreso.




lunes, 22 de octubre de 2007

LA LEY DEL EMBUDO. Antonio Robles.



Quiero transcribir un artículo escrito por Antonio Robles, Diputado del Parlament Catalan y prepulsor de la corriente interna de C's "Izquierda Liberal", en el diario digital "Libertad Digital".


Es un artículo más del corte de Robles, en contra de las injusticias impulsadas por el nacionalismo escluyente en Cataluña, y con gran sentido común.




Espero os guste.




Izquierda liberal
La ley del embudo, según Carod-Rovira







Carod-Rovira dejó meridianamente claro el derecho que le asiste ante cualquier intento imperialista de cambiarle el nombre. Pero, entonces, ¿por qué su Gobierno le cambia el nombre a todos los niños de Cataluña cuando llegan a la escuela?

Antonio Robles




Para mí lo ancho y para ti lo estrecho. O sea, la ley del embudo. En esto se podría resumir la más impúdica de las imposturas que el vicepresidente del Gobierno de la Generalidad, Josep Lluís Carod-Rovira, tuvo la desvergüenza de largar el martes en el programa de TVE Tengo una pregunta para usted. Ante la pregunta impertinente de un espectador que le castellanizó su nombre (en vez de llamarle Josep Lluís, insistió en dirigirse a él como José Luis), el vicepresidente le espetó irritado: "Yo me llamo así (Josep Lluís) aquí y en la China, y usted no tiene ningún derecho a modificar mi nombre". Y tiene toda la razón del mundo el vicepresidente de la Generalidad; en la forma y en el fondo. Sólo tiene una disculpa el telepreguntador: que desconozca la importancia que tiene para un catalanista el reconocimiento en su propia lengua. Es verdad que puede ser un problema menor, incluso se podrá argüir que para la mayoría de catalanes le importa un carajo si le llamas José o Josep, pero quien ha decidido ser reconocido por su nombre exacto tiene derecho a ser respetado. Y ese impertinente preguntador no respetó al ciudadano Josep Lluís Carod Rovira.



Cayó en ese mismo error, pero aumentado, una señora madura cuando le dijo con cierto desprecio: "No tengo ningún interés en aprender catalán". No venía a cuento, no formaba parte de su pregunta, no aportaba nada y, sin embargo, tenía la voluntad de herir, de despreciar. La señora puede carecer de interés por aprender catalán, árabe o el resto de idiomas del mundo; está en su derecho, pero su desinterés no le da derecho a despreciar de manera tan gratuita la lengua de su interlocutor. Aquí también tuvo razón el vicepresidente: con esas actitudes no se ganan amigos, se inventan conflictos.



¿Dónde está, por tanto, la ley del embudo de Carod Rovira? "Us-ted no tie-ne nin-gún de-re-cho a mo-di-fi-car mi nom-bre", dijo, recalcando cada palabra para dejar meridianamente claro el derecho que le asiste ante cualquier intento imperialista de cambiarle el nombre. Pero, entonces, ¿por qué su Gobierno, como todos los gobiernos anteriores de Jordi Pujol, le cambia el nombre a todos los niños de Cataluña cuando llegan a la escuela? ¿Sabían ustedes que, desde hace muchos años, la administración educativa de la Generalidad catalaniza todos los nombres de todos los niños sin excepción al llegar al sistema escolar público? Y no hay queja que valga, porque el sistema de inmersión llega hasta a los nombres; es preciso cambiar su seña de identidad para marcarle como a una res desde su más tierna edad. Y no proteste: ningún derecho será reconocido. Sólo el sentido común de algunos profesores permite recuperar el nombre real de los niños y niñas en sus relaciones orales, pero vuelven a catalanizarse en cuanto hay un libro de escolaridad oficial o el certificado médico.



¿Cómo se atreve a dar lecciones de respeto político, quien está dirigiendo ese mismo sistema que roba el nombre a cientos de miles de niños en Cataluña? Doctor Jekyll y Mister Hyde, esquizofrenia, quizás cara dura; no puede ser que nuestros propios dirigentes nos tomen por idiotas. Esas vestiduras desgarradas con razón se convierten ante este hecho indubitable en chulería y despotismo de un dirigente dogmático que es incapaz de ver la viga en el propio ojo y se indigna con la paja en el ajeno.



Se atrevió también a exigir la pluralidad a España que él mismo y sus huestes nacionalistas son incapaces de garantizar en Cataluña: "España tiene que salir del armario y aceptar su diversidad". ¡Qué morro! Esto del nacionalismo es inaudito. ¿Cómo se puede estar tan ciego? (Sólo se puede explicar por el síndrome del forofo del fútbol, que es incapaz de ver mala fe en su equipo pero toda en el equipo contrario.) España ya salió del armario vestida con la Constitución española del 78 y desde entonces respeta, ampara y difunde las lenguas españolas injustamente relegadas durante la dictadura; garantiza que el señor Josep Lluís Carod-Rovira pueda llevar el nombre que quiera (a pesar de que él se la salte al no respetar ese mismo derecho a los niños catalanes), avala la igualdad de derechos de todos los españoles vivan donde vivan (aunque él se la salte e impida estudiar en su lengua materna a los niños castellanohablantes) y garantice el bilingüismo en todas las instituciones que dependen todavía del Estado central, mientras él impone el monolingüismo en cada una de las instituciones que dependen de su Gobierno.
Cínica indignación. Algún día se recordará esta época como la persistencia de las actitudes falangistas de la posguerra española encarnadas en el nacionalismo de siempre. Lo más difícil será plantarles ante el espejo sin que lo rompan a fuerza de tanta contradicción.